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Cómo construí Deepyze desde cero: de freelancer a software factory

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Damián Oliva
·15 de enero de 2025

El punto de partida: programar para resolver mis propios problemas

No empecé a programar para conseguir trabajo. Empecé porque necesitaba una solución que no existía y me negaba a pagarle a alguien más para que la construyera. Eso fue en 2019, mientras manejaba People Coworking —mi espacio de coworking en Buenos Aires— y me di cuenta de que no había ningún sistema de gestión que se adaptara a lo que necesitaba.

Así arranqué: aprendiendo React, luego Node.js, luego MongoDB. Sin bootcamp intensivo, sin carrera de sistemas completa. Con tutoriales de Coderhouse, mucho YouTube y sobre todo construyendo proyectos reales.

El período freelance: aprender a cobrar lo que vale tu trabajo

Hacia 2020 ya tenía suficiente base técnica para ofrecer desarrollo web a terceros. Empecé bajo el nombre Oliva Web. Clientes chicos, proyectos simples, tarifas que hoy me parecen ridículas. Pero aprendí algo que no te enseñan en ningún curso: el desarrollo de software es 30% código y 70% comunicación, expectativas y gestión.

En esos años construí landing pages, sistemas de gestión internos, integraciones con APIs de terceros, bots de Telegram. Cada proyecto era un problema nuevo. Cada cliente, una lección distinta sobre cómo hablar de software con alguien que no programa.

Lo que más me costó del freelancing no fue técnico: fue aprender a decir que no, a estimar bien los tiempos, y a no hacer descuentos cuando un cliente "te tira" trabajo en volumen.

Por qué el freelancing solo no alcanza

Hay un techo muy concreto en el modelo freelance: sos vos contra el reloj. Podés subir tus tarifas, sí. Pero no podés multiplicarte. Si un proyecto grande entra y vos estás ocupado, lo perdés. Si te enfermás una semana, no facturás.

Además, a medida que los proyectos crecían en complejidad, empecé a necesitar colaboradores. Diseñadores, otro dev para QA, alguien que se encargue de la parte de infraestructura. El freelancing individual no escala.

El salto: Deepyze como apuesta concreta

Fundé Deepyze en enero de 2025 con un objetivo claro: construir una estructura que me permitiera tomar proyectos más grandes, trabajar con equipos y ofrecer algo que un freelancer solo no puede dar: continuidad y sistema.

La propuesta de Deepyze no es "te hacemos la web". Es acompañar a startups y empresas en todo el ciclo de vida de un producto digital: desde el MVP hasta el escalado. Eso implica entender el negocio, proponer arquitecturas que no requieran reescrituras costosas a los 6 meses, y entregar código que otro equipo pueda mantener.

Lo que aprendí del proceso

  • Empezar a vender antes de estar "listo": si esperás tener todo perfecto para salir al mercado, nunca salís.
  • El nombre importa menos de lo que creés: Deepyze no es el nombre más obvio, pero lo que construís con él lo llena de sentido.
  • Los primeros clientes vienen de tu red: ningún cliente de Deepyze llegó de LinkedIn ni de publicidad pagada. Todos llegaron de contactos previos o referidos.
  • Un buen proceso vale más que un buen developer: puedo contratar devs mejores que yo en ciertas áreas. No puedo subcontratar el orden, la comunicación y la entrega consistente.

¿Qué sigue?

El plan de Deepyze es claro: consolidar una cartera de clientes recurrentes, seguir construyendo productos propios, y crecer como equipo de forma sostenida. No quiero una empresa de 200 personas. Quiero un equipo pequeño, técnicamente sólido, que construya productos que importen.

Si estás pensando en el mismo salto —de freelancer a algo más estructurado— la única recomendación que te puedo dar es esta: empezá antes de tener todo resuelto. El camino se aclara caminando.

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